Unos tacones rojos

“Tenía zapatos que parecían de la colección de Gucci. No estoy segura, pero eran negros, combinaban con el traje, claro. Poseía un acento español un tanto exótico, pero lo que más llamaba la atención era su forma alegre de ser, siempre riendo… transmitía felicidad, con cualquier persona, conmigo” me dijo acerca de él.

Ella nunca fue tan elegante: usaba una falda de tablones gris a la rodilla, blusa blanca de cuello mediano, suéter ligero y un saco largo, como gabardina, para la lluvia. Ah… Y esos zapatos de tacón rojo: la hacían ver, mucho más alta y delgada. Casi como una modelo.

Se vieron decenas de veces, a escondidas, en el Lago Di Como, hace muchos años.

Ella compartió:
– “… lo conocí en un café, en Milán, te confieso. Es un experto en ajedrez. Sus padres ya no viven, pero él era inglés y ella española. Tiene un hijo, aunque nunca lo ve; su esposa tiene un carácter muy difícil”.

– “Más vino?” nos preguntó el mesero de aquel restaurante de lujo, que ya ni recuerdo el nombre.

Ella asintió con la cabeza, esperó a que se fuera y siguió la conversación.
– “Si tuvieras la oportunidad, te enamorarías de nuevo?” me preguntó.
– “Estoy aquí contigo Lisa” le aclaré con ciertas dudas.
– “Si, pero estoy hablando de una oportunidad, de tomar la decisión en ese instante, de dormir con alguien desconocido, por única vez… Lo harías Pedro?” insistió nerviosamente.
– “Pues… No. Creo que no… Aunque quizás no he conocido a la adecuada” reí y Lisa rió conmigo.

Eso fue hace años varios años.

Los recuerdos de mi mente, me llevan de regreso a nuestra casa, a nuestra recámara. Pienso en los 25 años que hemos pasado juntos. En nuestra hija y en su detestable novio. Mi esposa, a diferencia de mí, siempre la apoyó en sus decisiones, quizás era lo correcto. Recuerdo que al final, tomé sus manos, un poco mas pálidas y ya muy delgadas. Y le comenté:

– “Lisa, escribe en este papel el lugar a donde quieras ir… no, mejor el lugar cuyo recuerdo te haga la mujer más feliz del mundo; apuesto a que es el igual al que yo escribiré en esta libreta” le dije con un poco de lástima.
– “Siempre te he amado Pedro” me contestó con una cara desangelada, con los ojos llorosos y con vómito. Ya estaba muy enferma. En ese momento, entró Abi…

Recuerdo cuando nació Abi, hace más de 20 años. Era una bebe muy hermosa. Dormía toda la noche al mes de nacida. Preciosa… Cuando despertada, le encantaba meterse bajo las colchas y acurrucarse en mi cuerpo para quitarse el frío. Era tan pequeña y frágil. Ahora tan gritona y con un genio… No se en verdad como la aguanta el novio.

– “Mama” le preguntó Abi a Lisa, cuando estaba ya muy enferma. “Se puede amar a 2 personas al mismo tiempo?”
– “Abigail, yo siempre he amado a tu padre…”
– Abi siguió sin ponerle atención “… Es que mi papá siempre me está molestando con mi novio… Que no trabaja… que no se rasura… que no tiene futuro… No me deja en paz! Y aunque me moleste demasiado, yo amo a mi novio y amo a mi papá”
– “Abi… Háblale a tu padre y dale esto” acto seguido le entrega un papel, doblado. “El sabrá a que lugar me refiero”. Dáselo, cuando creas que lo necesite. Abi leyó el papel; nunca lo entendió.

Años después, Pedro seguía inmerso en su depresión. No podía superar la muerte de su esposa, su compañera. No iba a trabajar, no salía de su casa… es más, no dormía. No encontraba una razón para vivir, un objetivo en la vida. Era rico, pero no tenía con quien compartir el tiempo o el dinero. Ni con Abi se llevaba bien, siempre terminaban peleando por cualquier razón y después de la muerte de Lisa, Abi se fue del país con su novio. Estaba solo.

Un día, cuando habían pasado años, no se cuántos, encontré el papel doblado que Abi me había dado el día en que falleció mi esposa; lo dejé en el librero, pues ahí me encontró para decirme que su madre estaba en su final. Tenía tantos años de no entrar a éste lugar empolvado y añejado. Muy gris y sin vida.

Recordé la frase de Abi:

– “Dice mamá que lo abras cuando más lo necesites. Corre, para que alcances a abrazarla”.

Corrí. No la alcancé. De hecho, creo que nunca escribí en esa libreta, el lugar del mundo que me hacía más feliz. De hecho, no creo ubicar un lugar que me diera felicidad. Hoy que lo recuerdo, creo que nunca fui feliz… quizás cuando cargué a mi hija cuando nació… quizás… el lugar podría haber sido cualquiera. Pero no mi Lisa. Ella si guardaba aprecio a las cosas, lugares, fechas… tan diferente a mi.

– “Lago Di Como” decía en el papel amarillento, empolvado y arrugado… como mi corazón.

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5 years ago

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