El señor de la nariz grasosa

Conocí una persona en un elevador que me dijo que no le gustaba su nariz grasosa.

En el Mezanine me platicó que tenía 42 años y que desde los 22 años usaba un despertador para avisarle de ir a asearse la nariz al baño. Tenía un despertador en su auto, otro en el trabajo y uno más en su recámara.

Al llegar al quinto piso, me dijo que era feliz desde que se inventaron los celulares inteligentes (y me mostró su Blackberry, claro): puso una alarma cada 60 minutos, que le avisa que es momento de ir al baño a lavarse la nariz, con agua y jabón neutro. Hasta me explicó el paso a paso:

  1. Llego a la tarja y saco mis utensilios: toallitas húmedas, pañuelos desechables, estuche con jabón neutro y abanico (es de mujer, pero no me importa, atinó).
  2. Si está muy sucio, limpio con mis toallitas y desinfecto la zona de la tarja, seco con papel higiénico y después me lavo las manos 2 veces. Primero con su jabón y luego con el mío.
  3. Me lavo mis manos con jabón neutro. Dos veces. Suponiendo que no haya limpiado la tarja, claro. Porque ya me lavé las manos; quiero decir, no soy un obsesivo de la limpieza…
  4. Froto el jabón 3 segundos en el chorro de agua, con ambas manos.
  5. Después, sin ser muy tosco, froto el jabón sin agua otros 3 segundos. Eso me da una espuma ideal para lavarme la naríz.
  6. Froto, sin tallar muy fuerte, porque me he hecho laceraciones, 6 veces de cada lado de la nariz, de manera muy gentil.
  7. Me enjuago abundantemente.
  8. Me seco por encimita, sólo para quitar el exceso de agua, con estos pañuelos desechables, que están caritos, pero son el doble de grueso que los comunes y corrientes.
  9. Me hecho un poco de aire con éste abanico que ve usted aquí.
  10. Listo 8 minutos, me ha llegado a cronometrar mi esposa.

Yo, por mi parte, le seguía escuchando atentamente.

En el noveno piso, me dijo que iba al piso 18 a vender llantas a un transportista y que a veces batallaba cuando se encontraba en el tráfico para ir a un baño y limpiarse, así que siempre cargaba unas toallitas húmedas para bebé, que le servían como desinfectante temporal… si, usó esa palabra: “desinfectante”.

En ese momento sonó la alarma de su celular, se despidió cortésmente y presionó el número 14; era el que seguía en ese instante. El elevador se abrió, hizo un gesto a manera de despedida y dijo lo siguiente: “El transportista puede esperar 3 minutitos más… la grasa de mi nariz, no” y se cerraron las puertas del elevador.

Por supuesto, así como tú lo hiciste al leer esta crónica, supe que mi destino también era llevarme una mano a mi cara en aquel momento, para ver que “tan grasosa” estaba mi nariz…

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5 years ago

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