Como le pegue a un duende, sueño mezclado con cuento

De como le partí la madre a un duende

Me encontraba dormido en mi cuarto, hace unos días.

Soñaba con el cumpleaños de mi hermana, pastel, las velitas, la foto y la sonrisa en cara de todos. De hecho, y si me apuras tantito, no tengo memoria de un cumpleaños sin caras sonriendo. De oreja a oreja.

Estoy seguro que la música era alegre pero, en realidad, graciosamente no recuerdo ni el artista ni la canción. Los colores del cuarto de sala eran brillantes, aunque borrosos. Como cuando abren los ojos una mañana, después de haber dormido a pierna suelta, y los ojos se batallan para abrir, por la mezcla de flojera y lagañas. Bueno, esa era mi visibilidad.

Entonces, se me acercó alguien que se estaba divirtiendo mucho. Su sonido de risas/carcajadas mezclado con una plática con alguien más, era notorio a leguas. Yo por mi parte, estaba tratando de ver bien y me encontraba tallándome los ojos. Empezó a tocarme la zona de la oreja, de una forma juguetona no sexual. Como si fuera un niño jugando a molestar. Naturalmente, vociferé que me dejara en paz, entretenido en lo que era ya una obsesión por ver bien. Volvió a tocarme, pero esta ocasión por más tiempo y más jodón. Esta vez, moví la cabeza y le pedí que parara. Que detuviera su juego. De manera contraria a mi petición, volvió necearme incrementando su risa. No aguanté más y antes de voltear moví mi mano bruscamente para pegarle al agresor. Literalmente toqué algo. Cuando volteé ya pude ver bien. Estaba oscuro. Era mi cuarto y era de noche. Y realmente sentí golpear algo y escuché como ese algo golpeaba mi guitarra, que estaba descansando en su atril. Lo escuché, estoy seguro.

En cuestión de segundos y con el corazón latiendo a mil por hora, me senté en la cama y me puse a pensar rápidamente en lo ocurrido, en el sueño, en las risas, el manotazo y el sonido de ese algo golpear la guitarra. Corrí al baño. Me ví en el espejo. Tenía la zona de la oreja roja. Literalmente roja, como cuando recién rascas un piquete de zancudo. Así. Roja.

Sin poder esconder mis dientes, me dije viéndome en el espejo con una gran sonrisa de oreja a oreja: “le partí la madre a un duende”.

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6 years ago

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