Conocer a la muerte - cuento por Algoria

Conocer a la muerte

Yo ya lo sabía. Claro. Esa no era una noche normal, no. Lo supe desde la estrella fugaz que pasó encima de ese par de álamos que custodian la terraza. No alcancé a pedir el deseo y, desde entonces, se que las oportunidades no siempre son para el que las aprovecha.

Escuchen:

Me han dicho que la muerte recorre las casas de la gente, en busca de alguien que la busque. A estas horas, mis padres deben estar dormidos, si. Es de esperarse. La noche está sabrosa; no hace frío, pero está fresco y, quizás refresque más porque empieza a correr el viento, como con prisa. Quien sabe. Mi abuela me ha dicho que cuando la luna está llena  y tiene una aureola de nubes, va a llover. Y antes de llover refresca. Eso si lo sé. Mi abuela no suele equivocarse, al menos no en eso. Ella fue quien me lo dijo. Y por eso estoy aquí, esperando.

No traía reloj, pero debió haber pasado mucho tiempo, si. Me quedé profundamente dormido. Me han de haber arrullado los grillos o ese búho. Desperté, porque sentí que alguien me tocaba el hombro. Pensé que era papá, que se había despertado y, como siempre, me había ido a echar un vistazo, porque me quería mucho, decía mamá. Pero yo ya estaba grande, ya no necesitaba que me cuidara como a un bebé. Pero no, no fue él. Fue un señor, ya grande, como mi abuelito. No me dio miedo, al contrario. Empecé a
preguntarle cosas. Que quien era, que quería… Me dijo que un amigo mío le había dicho de mí. Que él me podía llevar a conocerla. Pero que tenía mucha prisa. No lo pensé dos veces. Hablaba despacio como mis dos abuelos y…. hasta se parecía a uno de ellos, sólo que un poco más delgado, si. Me extendió su mano y le di la mía. Pensé que estaba soñando. Y el aire me despeinó todo. Mi mamá me había dicho que cuando vas a conocer a alguien tienes que ser muy respetuoso. Tienes que ir bien vestido y peinado. No me importó en ese momento. Me asusté un poquito, porque nos empezamos a elevar y comenzamos a volar, como pájaros. Me dio un poco de frío. Y eso que traía mi pijama de manga larga y pantalón. Por lo de la tos, decía mi mamá. Yo me hartaba de que ella me tapara con tantas colchas y sueters. Decía que era para que no empeorara mi tos y me pudiera salir a jugar con mis amigos. Pero ya no estaba tosiendo, no. Aunque en ese momento ya no pensaba en eso. Pensaba en el aire en mi cara y como se veía todo desde arriba.

Al empezar a volar, pasamos por la parte trasera de mi casa y en eso, vi la ventana del cuarto de mis papás. Se me ocurrió avisarles que iba salir. Para que no se preocuparan por mí. Porque siempre debo de avisarle a mamá cuando me saliera, decía papá. Para que no se preocupara, claro. Pensé en avisarles, por si alguien se levantaba al baño y no me veía acostado en mi cama.

¡Mamá…. Papá… al ratito regreso, voy a conocer a la muerte!

Tenía 9 años en ese entonces. Ahora tengo 33. Y en estos 23 años que han transcurrido, no se me ha olvidado lo genial que me sentí cuando volé por toda la ciudad, como si fuera en un helicóptero. Siempre me ha gustado volar. De verdad. Tampoco he olvidado el placer que sentí al tener el control de subir y bajar entre las casas, los árboles, todo eso. Sí. Volé yo solo, porque el señor, después de un ratito, me dijo que podía hacerlo, con mucho cuidado.

Por cierto… tampoco se me ha olvidado la tristeza que sentí, cuando mis padres me vieron incrustado en el piso, bañado de sangre, en mi propia sangre, cuando caí de la terraza de mi cuarto y fui….. a conocer a la muerte.

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6 years ago

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